En las últimas décadas, el dinero ha evolucionado desde billetes y monedas hasta transacciones puramente digitales. Hoy, las monedas digitales de bancos centrales (CBDC) emergen como la próxima gran innovación financiera. Esta propuesta anuncia una transformación inminente del sistema financiero que podría redefinir la manera en la que pagamos, ahorramos y gestionamos los recursos a nivel global.
Una CBDC es una representación electrónica de la moneda nacional, emitida, garantizada y regulada por el banco central de cada país. A diferencia de las criptomonedas descentralizadas, como Bitcoin o Ethereum, las CBDC buscan ofrecer seguridad y confianza respaldadas por el banco y se integran en la economía como dinero de curso legal. Este diseño permite que el público acceda a una forma de dinero digital con la misma garantía que los billetes físicos.
Al no depender de mecanismos de consenso descentralizado, las CBDC pueden operar bajo modelos centralizados o híbridos. Su valor permanece estable y está anclado a la moneda oficial, evitando la alta volatilidad asociada a los activos digitales privados. Asimismo, estas monedas digitales pueden distribuirse de manera directa al ciudadano o a través de intermediarios financieros tradicionales.
Los bancos centrales analizan con detenimiento la reducción del uso de efectivo en la población y la pérdida de eficiencia en los pagos. En este contexto, las CBDC surgen como solución para modernizar los sistemas de pagos y combatir el fraude de forma más efectiva. Además, representan una oportunidad para ampliar el acceso financiero a población no bancarizada en regiones donde la infraestructura bancaria es limitada.
Estos objetivos estratégicos permiten a los bancos centrales mantenerse vigentes ante la creciente oferta de stablecoins y monedas privadas digitales, asegurando el control y la estabilidad macroeconómica.
En 2025, más de 130 países, que representan el 98% del PIB mundial, están estudiando o desarrollando proyectos de CBDC. Al menos 32 de ellos han lanzado pilotos o implementaciones reales en sus economías. Destacan iniciativas como el e-CNY de China, activo en 29 regiones, y el Sand Dollar de las Bahamas, que ya opera en la totalidad de su archipiélago.
La Unión Europea oficializó el paso a la siguiente fase de su euro digital en octubre de 2025, esperando un lanzamiento entre 2026 y 2029. Mientras tanto, la Reserva Federal de EE UU mantiene un estudio exploratorio sin fecha concreta, evaluando riesgos y beneficios antes de decidir su implementación.
Las CBDC ofrecen múltiples beneficios:
Al estar respaldadas por bancos centrales, estas monedas digitales generan confianza entre usuarios y reguladores, permitiendo flujos de capital más transparentes y seguros.
A pesar de las ventajas, las CBDC enfrentan retos significativos. El principal es diseñar un marco regulatorio robusto que incluya estándares internacionales y proteja los derechos de los usuarios. Asimismo, el tema de la privacidad demanda soluciones para equilibrar la trazabilidad con la privacidad individual, evitando abusos en la vigilancia financiera.
Las CBDC suelen basarse en tecnologías de registro distribuido o blockchain, aunque pueden implementarse en infraestructuras centralizadas que ofrecen mayor control al emisor. En un modelo directo, el banco central interactúa con los usuarios finales; en uno indirecto, las entidades financieras actúan como intermediarios, facilitando la distribución y el soporte al cliente.
Esta flexibilidad tecnológica permite a los emisores adaptar sus sistemas según necesidades locales y escalar de forma progresiva. Proyectos como mBridge, impulsado por el BIS junto a Canadá, Hong Kong y Tailandia, exploran entornos multilaterales para agilizar las transacciones internacionales.
De aquí a 2030, se espera que el volumen de pagos anuales mediante CBDC crezca desde 100 millones de dólares en 2023 hasta más de 213.000 millones. Esta proyección muestra una curva de adopción acelerada, impulsada por la digitalización creciente y la demanda de opciones de pago seguras.
Organizaciones globales como el FMI y el G20 abogan por cooperación internacional en estándares y protocolos que faciliten la convergencia de sistemas. En Europa, el Reglamento MiCA allanó el camino para una regulación unificada de los activos digitales, sirviendo de ejemplo para otras regiones.
Las monedas digitales de bancos centrales se presentan como una oportunidad sin precedentes para transformar la economía global. Su éxito dependerá del equilibrio entre innovación, regulación y protección de derechos ciudadanos. A medida que los bancos centrales avancen en sus proyectos, la sociedad deberá adaptarse y aprovechar estas herramientas para construir un sistema financiero más inclusivo y eficiente.
La revolución monetaria está a la vuelta de la esquina. Comprender sus implicaciones y sumarse al diálogo permitirá a individuos y empresas prepararse para el futuro de los pagos y la gestión de activos en un mundo cada vez más digital.
Referencias