La economía Gig ha revolucionado el mundo laboral, ofreciendo un modelo basado en tareas temporales y horarios flexibles y autogestionados. Esta transformación impacta a millones de trabajadores en todo el mundo.
En este artículo exploraremos sus orígenes, cifras clave, beneficios, desafíos y proyecciones futuras para comprender mejor su alcance y retos.
La economía Gig se gestó tras la crisis financiera de 2007-2008, cuando muchas empresas y trabajadores buscaron soluciones más ágiles a los empleos tradicionales. La digitalización y el auge de plataformas como Uber, Glovo y Upwork consolidaron este modelo bajo demanda.
Desde entonces, términos como “economía colaborativa” y “economía de los pequeños trabajos” se han popularizado. Su crecimiento responde a la necesidad de autonomía, la reducción de costes y la optimización de recursos tanto para individuos como para empresas.
El rasgo más distintivo es la ausencia de una relación laboral fija. Los trabajadores se registran en plataformas digitales para ofrecer servicios puntuales.
La expansión global de la economía Gig es vertiginosa. Para finales de 2025, se estima que más de 540 millones de personas trabajarán en plataformas autónomas.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 60% de la fuerza laboral mundial podría incorporarse a este modelo antes de 2026. El Banco Mundial sitúa su participación en el 12% del mercado laboral global.
En términos financieros, el valor de la economía colaborativa podría superar los 600.000 millones de dólares en 2030 y alcanzar más de 2,178.4 mil millones en 2034.
Este modelo ofrece numerosos beneficios tanto para trabajadores como para empresas:
Además, la autonomía en la gestión impulsa el desarrollo de habilidades de emprendimiento y la creación de redes globales de colaboración.
Aunque prometedora, la economía Gig enfrenta desafíos significativos:
A esto se suma la responsabilidad de gestionar impuestos y cargas sociales, así como la dificultad para planificar a largo plazo y acceder a líneas de crédito.
Los marcos legales varían según el país. En Europa, algunas legislaciones obligan a las plataformas a reconocer derechos mínimos, mientras que en Asia y América Latina el debate sobre protección laboral sigue en evolución.
Las proyecciones de crecimiento sugieren que, para 2026, el 18% de los trabajadores españoles serán gig workers, y a nivel mundial la participación seguirá en aumento. La digitalización, la automatización y el teletrabajo reforzarán esta tendencia.
Para aprovecharlo de manera responsable, se requieren políticas que combinen innovación tecnológica con protección social, garantizando condiciones justas y sostenibles para todos los actores.
La economía Gig representa una revolución laboral que trae consigo oportunidades sin precedentes, pero también riesgos que no pueden ignorarse. Su éxito dependerá de la capacidad de equilibrar flexibilidad y seguridad.
Trabajadores, empresas y gobiernos deben colaborar para diseñar un modelo inclusivo, que fomente el emprendimiento y proteja los derechos de quienes forman parte de este nuevo paradigma.
Solo así la economía bajo demanda podrá ofrecer su máximo potencial como fuente de innovación, empleo y crecimiento sostenible.
Referencias