La armonización fiscal internacional se presenta como un mecanismo clave para un mercado global más justo y eficiente. A continuación, exploraremos sus diversos aspectos.
La armonización fiscal implica la adaptación o puesta en común de sistemas fiscales de distintos países con el propósito de eliminación de la doble imposición y la reducción de distorsiones.
Este proceso no busca la unificación total de las normas, sino que actúa como un instrumento para facilitar la circulación de bienes, servicios y capital entre Estados.
Surge como respuesta a las discrepancias que obstaculizan la creación de mercados únicos, garantizando una competencia más equilibrada y transparente sin sacrificar la soberanía fiscal.
Los principales objetivos de la armonización fiscal internacional incluyen:
Además, se busca ofrecer a los contribuyentes un entorno más predecible, promoviendo la seguridad jurídica para empresas y ciudadanos.
Existen tres enfoques teóricos fundamentales:
Por otro lado, las estrategias pueden clasificarse en competitivas o institucionales:
Un ejemplo destacado es la Unión Europea, donde el Tratado de Roma establece la progresiva aproximación de políticas fiscales.
La Directiva del IVA y las propuestas de un nuevo impuesto de sociedades buscan la neutralidad fiscal sin eliminar por completo las competencias nacionales.
En el ámbito global, la OCDE impulsa acuerdos para combatir la erosión de bases imponibles y la transferencia artificial de beneficios (BEPS), y propone un impuesto mínimo global del 15% para multinacionales.
En las últimas dos décadas, los principales países europeos han convergido sus tipos impositivos, aunque persisten diferencias significativas.
El acuerdo OCDE/G20 de 2021 sobre un impuesto mínimo global al 15% podría afectar a más de 100 países y aumentar ingresos fiscales en cientos de miles de millones de dólares.
Entre los principales obstáculos se encuentran:
Asimismo, la cooperación internacional para intercambio de información y medidas anti-fraude es clave para avanzar.
La armonización ofrece beneficios como:
En el largo plazo, un sistema armonizado podría fomentar un desarrollo económico global más equilibrado.
La armonización fiscal internacional es un proceso en constante evolución. La clave estará en encontrar un equilibrio entre la flexibilidad de políticas nacionales y la necesidad de reglas comunes.
Los avances tecnológicos y la presión de la sociedad civil podrían acelerar acuerdos multilaterales, pero la resistencia política y económica seguirá planteando retos.
Solo mediante la colaboración y el compromiso mutuo será posible avanzar hacia un sistema fiscal global justo, transparente y sostenible.
Referencias